domingo, 30 de diciembre de 2007

Huella ecológica, consumo y felicidad

En las fechas que estamos parece como si las palabras consumo y felicidad estuvieran indisolublemente unidas. De forma que en estos días se desata una especie de furor consumista imposible de parar. Y cuando todo ha pasado, y parece que ya no podemos más de tanta felicidad, llegan las rebajas y resulta que todavía podemos ser más felices. Por tanto, hablar y escribir sobre consumo y felicidad parece adecuado en estas fechas. Uno de los indicadores más fiables para medir nuestro nivel de consumo es la huella ecológica. Ya hemos visto en la entrada anterior que en nuestro país la huella ecológica dobla (como mínimo) la media de la Humanidad, lo que debería indicar que somos doblemente felices. Y no digamos en USA o en los Emiratos Árabes Unidos: deberían derrochar felicidad a raudales. Claro que puede suceder que algunos sean más eficientes que otros en convertir consumo en felicidad. Es decir, que se cumpla el tópico de que el dinero (léase el consumo en este caso) no es la felicidad.

Rebajas, la ceremonia sagrada del consumismo  abcsevilla

domingo, 23 de diciembre de 2007

La huella ecológica vista desde Kinshasa

En el año 1996 Rees y Wackernagel proponen el concepto de “huella ecológica” como el área de territorio productivo o ecosistema acuático necesario para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población definida con un nivel de vida específico, donde sea que se encuentre esta área. La introducción de este concepto nos permitió contar con un instrumento (todo lo rudimentario que se quiera) para cuantificar las relaciones entre territorio y consumo. Se trata justamente del negativo fotográfico de otro concepto muy usado en ecología y que se conoce con el nombre de capacidad de carga, que suele definirse como la población máxima de una especie que puede sobrevivir en un territorio sin deteriorar los recursos de los que se nutre. En el año 2000 un grupo de investigadores encabezados por Wackernagel calculó la huella ecológica de la totalidad del planeta atendiendo a siete indicadores y los resultados fueron significativos: resultó que se utilizaban alrededor de 164 millones de unidades de media pero la bio-capacidad del planeta era sólo de 125 millones, lo que significaba que estábamos consumiendo planeta por encima de su capacidad de regeneración.

La ciudad de Kinshasa  thecommongroup

jueves, 13 de diciembre de 2007

El Atlas de la Seguridad de Madrid

Hace un par de días se presentó el Atlas de la Seguridad de Madrid promovido por el Observatorio de la Seguridad del Ayuntamiento. La coordinación y dirección corrió a cargo de Felipe Javier Hernado, Manuel Correa y yo mismo. El equipo de investigación estaba formado por Juan Carlos García, Roberto Cobo, Elena Escudero, Irene Zúñiga y Miguel Ángel Prieto. El resultado es un libro de casi trescientas páginas donde dibujamos una imagen del riesgo social tanto objetivo como subjetivo de la ciudad de Madrid.


sábado, 8 de diciembre de 2007

El concurso del Pertusillo

Mi viaje a Nápoles al que hago referencia en la entrada anterior, surgió de una invitación para ir a Potenza en relación con el concurso de ideas sobre el Lago del Pertusillo. La región de Basilicata está situada al sur de Italia y se compone de dos provincias: Matera y Potenza. Era una de las regiones más pobres del país hasta que se descubrió la mayor reserva de gas y petróleo de la Europa continental.


miércoles, 5 de diciembre de 2007

Spaccanapoli, uso total de la calle

He estado unos días en el sur de Italia, en unas jornadas relacionadas con el concurso de un puente sobre un lago en la región de Basilicata (en cuanto tenga tiempo lo comentaré), y el azar arregló las cosas para que estuviera en Nápoles el primer domingo del mes de diciembre. En medio del centro histórico de Nápoles está Spaccanapoli que va desde la plaza de Gesù Nuovo hasta la calle Duomo. Su espina dorsal es una calle estrecha que recibe distintos nombres a lo largo de su recorrido pero que comienza como Via B. Croce. Dado que me alojaba justamente en la plaza pude observar como, de forma continua, llegaban grupos y grupos que suponía de turistas ya que los comandaba un guía provisto del correspondiente paraguas, pañuelo, etc., y solían llevar algún distintivo que los diferenciaba tales como gorras o bolsos. Al principio eran pocos, pero luego el flujo era continuado y subían la cuesta hasta cuatro y cinco a la vez. Los grupos llegaban a la plaza, se ponían de acuerdo con el guía para una hora de vuelta y desaparecían Spaccanapoli adelante.

Grupos llegando a la plaza